—¿Qué ha ocurrido? —inquirió Edward con voz apagada.
—Aticé a Jacob —admití.
—Bien —dijo Edward con voz siniestra—, aunque lamento que te hayas hecho daño.
—Desearía haberle causado algún daño —suspiré, frustrada—. No le hice ni pizca
—Eso tiene arreglo —sugirió
—Esperaba que contestaras eso.
Hubo una leve pausa y él, ahora con más precaución, continuó:
—No es propio de ti. ¿Qué te ha hecho?
—Me besó —gruñí.
Al otro lado de la línea sólo se oyó el sonido de un motor al acelerar.
domingo, 8 de agosto de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario